Ingeniería de la Conducta 

Blog de Alex Ponce Aguirre

Querer y deseo, sus pretensiones

2 Jul 2015 | Desarrollo Personal | 0 Comentarios

En una vida llena de desafíos el desear y querer son verdaderas herramientas de impulso en el desarrollo personal.

Desear y querer son dos pretensiones que no sólo abarcan motivos para satisfacer necesidades materiales. Sino que, también son herramientas de uso permanente en el arte de vivir conectado a algún proyecto para emprender nuevos desafíos que van en ayuda para mejorar la calidad de vida.

Pareciera que igual estuviéramos hablando en el campo material basado en un consumismo fuera de control, pero aquí su connotación es diferente. El ritmo que toman los acontecimientos actuales, especialmente en el campo laboral nos obligan cada día a depender de nuestra fuerza de voluntad en el correcto uso del deseo y el querer.

Desear es estar dirigido por los sentimientos y querer es ser guiado por la voluntad.

Desear es apetecer algo que se ve, pero que radica en la afectividad y suele depender de sensaciones externas. En este contexto desear es dar luz verde a ese cuadro mental que se proyecta a un futuro cercano, para dar cumplimiento a un objetivo en relación a un proyecto personal. Estamos deseando alcanzar aquel proyecto, y nos vemos ya imaginariamente cumpliendo tal objetivo.

El querer es verse motivado a hacer algo poniendo la voluntad por delante. Aquí hablamos de que toda conducta motivada apunta hacia una elección. Voluntad es elegir y elegir es renunciar. El querer es acción, vamos hacia nuestra meta, lo que significa poner en práctica decisiones a favor de tal objetivo.

Este comportamiento necesita sacrificar lo cercano y apostar por aquello que ilusiona, pero que aún está en la lejanía. Ello complica las cosas, porque requiere ya un cierto grado de madurez, pero la respuesta se mantiene por el apoyo de una voluntad templada en una lucha firme y duradera en pos de lo porvenir.

 El lugar donde tenemos que llegar

En la práctica, desear y querer aparecen mezclados, pero en la teoría es bueno separarlos, para saber en que terreno está cada uno. Cuando queremos, lo que hacemos es preferir lo mejor; y si la meta tiene grandeza nos lleva poco a poco a una posición desde la cual vamos a ir siendo más dueños de nosotros mismos: pasamos de lo pasajero y temporal a lo imperecedero e intemporal.

La meta es un estímulo, sobre todo en momentos difíciles. Es un punto de referencia para aplicar a través de un querer y éste apoyado por un deseo vehemente. Allí está el lugar donde nos llevan nuestros objetivos, lo que ha movido nuestra voluntad en pos de un desarrollo práctico en busca de resultados tangibles. Esto se hace realidad al sentirnos motivados por aquello que nos interesa.

 La motivación

La motivación es siempre la representación anticipada de la meta, la cual conduce a la acción. Es esta la que nos lleva a realizar eso valioso, que no es otra cosa que una pretensión a favor de un mejor desarrollo personal.

Para alcanzar el éxito en el cumplimiento de nuestros objetivos, y que nos acerquen a nuestra meta es necesario hacer atractivo el camino de exigencia que nos conduce a ella, nuestra mirada debe estar siempre puesta fijamente en el horizonte de las ilusiones de lo que vendrá. Con inteligencia, sublimando los esfuerzos, y no dándose por vencido cuando las cosas parecen estar mal, acercándose al plano espiritual que siempre nos eleva por encima de las circunstancias.

En una vida llena de desafíos el desear y querer son verdaderas herramientas de impulso en el desarrollo personal, esto avalado por el buen uso que le demos a nuestra voluntad permitirá que todo nuestro trabajo en busca del cumplimiento por alcanzar nuestras metas se hagan realidad. Los esfuerzos y las renuncias de hoy tendrán su recompensa mañana.

@AlexPonceAg

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