El espíritu agonístico de los griegos

La famosa exhortación “Ser siempre el mejor y superar a los demás” de Peleo a su hijo Aquiles, en el momento en que partía para la guerra de Troya; para hacerse célebre o morir en la gloria, interpreta la postura y los ideales no sólo de los héroes homéricos, sino de los griegos, a lo largo de la trayectoria histórica del mundo antiguo.

A través de los poemas de la Ilíada, se puede destacar el valor de los héroes guerreros. Todos los días ejercitando sus artes bélicas y valor, estableciendo una vida de competencias constantes con el propósito de ser siempre los mejores. El espíritu agonístico incluso se puede ver en los juegos en honor a Patroclo, una competencia atlética organizada por Aquiles para honrar a su amigo muerto. Estos juegos atléticos constituían una antiquísima costumbre funeraria de los griegos. El deporte, un culto al cuerpo, nunca estuvo lejos de la importancia del espíritu competitivo, una victoria en esas circunstancias era el mejor homenaje a un difunto.

Sin embargo existen testimonios adicionales, donde en pequeñas ciudades Estados, como en el caso de los feacios, el pueblo participaba en competencias atléticas de jóvenes que competían únicamente por la alegría de la victoria.

No es difícil descubrir el espíritu agonístico de los griegos, que marca prácticamente todas las manifestaciones de la vida y crea una rivalidad con ricos y fecundos resultados; aunque a veces no se puede evitar los excesos y las confrontaciones estériles y peligrosas.

La sorpresa de Eutimides

Así como los juegos en honor a Patroclo, un héroe de guerra, que recibe un homenaje a través de una prueba atlética, la historia nos recuerda los juegos en honor al rey de Calcis, Anfidamas. En la gran opulencia de sus exequias, se le rinden honores a través de unos juegos de competencias musicales. Hesíodo gana el premio con su canción, y así se transforma en el primero de la historia en ganar una competencia con espíritu en el arte musical, la victoria y un premio en la arena artística; pero no estaba todo allí. La competición y el antagonismo en el campo artístico lo testimonia, y de un modo ciertamente inesperado, una breve inscripción en un jarrón de figuras rojas de los últimos años del siglo VI a. C. pintado por el pintor de jarrones Eutimides: “Como nunca podría haberlo pintado Eufronio”. Eufronio era contemporáneo de Eutimides, gran pintor de jarrones, ambos artistas de renombres de la época dan cabida al siguiente refrán: “el ceramista envidia al ceramista” .

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El profundamente arraigado espíritu agonístico de los griegos constituyó el móvil tanto para las hazañas guerreras, como para la conquistas pacíficas, lo vemos manifestarse no sólo en su vida personal, si no que a menudo toma una forma organizada y sobre ella se fundamentan manifestaciones y creaciones con objetivos culturales más amplio y mucho más importantes. La retórica empleada en los albores de la democracia en muchas ocaciones eran verdaderas competiciones de argumentos con una gran carga de razón en las palabras, una lucha de argumentos fundamentada con el mejor de los léxicos.

El talento de Fidias

La construcción de importantes obras de arte se realizaban tras un concurso artístico en el que competían artesanos de diferentes partes del mundo griego. Un testimonio de la época nos relata a Fidias, el principal escultor que trabajó en el Partenón y quien mostró sus cualidades únicas en un concurso de esa naturaleza, porque había calculado la deformación óptica que sufriría el rostro de la estatua de Atenea Partenos cuando se erigiera sobre una base muy alta, por lo que cambió las proporciones, ganando de esta forma la admiración de los jueces y obteniendo la victoria.

El espíritu agonístico 

El espíritu agonístico y antagónico se extiende a toda la vida griega. Esta filosofía de vida tuvo sus fundamentos en la educación de los niños. Músicos y poetas, filósofos y rétores, pintores y escultores, compiten por sus obras por la “distinción” que los reconocerá y le dará la victoria; al igual que los atletas que se esfuerzan en la pista por el honorífico premio.

Esto tiene un sólo significado; que en todos los sectores de la vida social se crea el diálogo y el antagonismo en iguales términos. Tal postura surge básicamente de una concepción esencialmente democrática, de que todo hombre tiene la posibilidad de enfrentarse a los demás y aspirar, con virtud y su valor, al honor y la primacía. Por encima de la superioridad del origen y de la riqueza, los griegos, que básicamente creen en la igualdad de derechos, plantean la supremacía de la valía del cuerpo o de la mente, como ésta se muestra y se reconoce democráticamente con la competición, en la que todos pueden tomar parte en términos iguales y demostrar su excelencia.

 “Ser siempre el mejor y superar a los demás”

Una frase muy antigua esculpida en piedra para que perdure a través de los siglos; tan antigua hoy como necesaria. 

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