Una sociedad sin calorías

Si la metafísica es una rama de la filosofía que se encarga de estudiar la naturaleza, estructura, componentes y principios fundamentales de la sincaloriasrealidad, entonces estamos viviendo en el tiempo donde predomina la metafísica de la nada. Dicho de otra manera es la era de la levedad, donde todo es ligero y sin calorías, incluido el ser humano. Predomina la muerte de los ideales en medio de la superabundancia.

Para algunos es el posmodernismo para otros la edad posindustrial, y para los de ahora el momento del diseño y la tecnología, pero todo envuelto en eso que se conoce como hedonismo, que no es otra cosa que la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer. Pensamiento que nació en las escuelas griegas cirenaica y epicúreos, donde se plantea “que los deseos personales deben satisfacerse de inmediato sin importar los intereses de los demás”. Todo esto fortalecido por el pensamiento de Epicúreo, que dentro de su doctrina hedonista, enfatizaba que “la felicidad consistía en vivir en continuo placer”.

El hedonismo se conspira con la permisividad: donde todo está permitido; mostrando la esencia misma del materialismo: sólo cuenta aquello que es tangible, que se toca y se ve; es la sociedad de la abundancia.

La permisividad absoluta

Los “valores” que siguen predominando en gran parte al mundo de hoy son de tipo material y por lo mismo efímeros. Se busca el placer en todas las cosas, haciendo del bienestar un nuevo dios. La permisividad absoluta, la diversión como objetivo supremo, son argumentos de una sociedad de consumo que no produce nada duradero ni de auténtico valor.

Una peculiaridad de nuestro tiempo es que se fomenta lo efímero como un valor agregado. La publicidad, herramienta fundamental de la sociedad de consumo, que incluso ha llegado a la conversión de sus clientes en verdaderos clientes evangelistas, ofrecen un mundo irreal, lujoso y magnífico, desarrollando en cadena un deseo vehemente por crearse nuevas necesidades, que a la larga los únicos beneficiados en el tiempo son sus propios fabricantes, ya que la mayoría de los productos hoy tiene la fecha de caducación.

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La trampa del consumismo

Hay que tener los pies puestos en la realidad. De lo contrario, se cae en la trampa del consumismo; que incluso se le considera como terapia para algunas enfermedades de índole psicosomáticas. La sociedad actual nos lleva a gran velocidad hacia las trampas del hedonismo, permisividad e inmediatez. En suma caemos en el vacío interno, que paradójicamente tratamos de rellenar materialmente, sabiendo que ese espacio ya de por sí está repleto de objetos.

Madre de lo efímero.

En el mundo de lo efímero nada sorprende. Se busca el espectáculo en todo, incluso en los contenidos de los diferentes medios de comunicación, especialmente en la TV; madre de lo efímero por excelencia. Noticias, anuncios y comedias, se alinean en pos no sólo del hedonismo y la permisividad, sino que aquí se unen el relativismo, el subjetivismo y el nihilismo, este último decían los existencialistas que era la angustia de la vivencia de la nada, donde se saborea el vacío y la ausencia de contenidos. Es la disolución por ausencia; todo es hueco, pozo, vaciedad, desierto. En la versión moderna ésta es su anatomía interna. En esto se cumple el diagnóstico de Nietzsche, “elogio del pesimismo y exaltación de lo absurdo”.

Es el momento de aportar soluciones.

Ante una situación así, la sociedad pierde el rumbo y comienza a hundirse, como le sucedió a los grandes imperios del pasado que sucumbieron a consecuencia de una crisis moral, la falta de valores y principios fue el peor de sus enemigos. En la actualidad es el momento de aportar soluciones. “Hay que hacer notar que el progreso material cuando no va acompañado de un contenido espiritual, no sirve para nada”. Necesitamos amor auténtico, hoy se nota esa carencia, aunque no sepamos cómo expresarlo. La vida moderna requiere conciencia y una lucha diaria en pos de los ideales para ser mejores personas. Es el tiempo para comenzar a descubrirse a sí mismo, conocer nuestras propias y verdaderas necesidades, para así vivir sin depender de lo que otros nos digan, sino fortalecer nuestra confianza en lo que creemos. De esta manera estaremos colaborando para un desarrollo armonioso de una sociedad sana.

Como decía Pitágoras “Escoge la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable”.

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