Volver al mundo de los vivos

Cuando Zeus se instaló en el Olimpo, entregó a Pluto-Hades, el poder sobre el Mundo Inferior. Los poetas griegos de antaño, describen este reino envuelto en las tinieblas, sumergido LIBERIA-WAFRICA-HEALTH-EBOLAen las entrañas de la tierra; su puerta está eternamente vigilada por Cerbero, un temible perro de tres cabezas y de cuerpo cubierto de serpientes que impide que ninguno pueda nunca volver al mundo de los vivos.

Aquél relato tomado de la mitología griega, no parece estar a mucha distancia de la realidad cuando hablamos del temido Ebola; es que la información que se recibe al respecto y específicamente de África, la relacionamos inmediatamente con la muerte, y no cualquier muerte; sino, una de las formas más terribles de morir en “sociedad”.

Una epidemia que comenzó con un 90% de mortalidad, no puede dejar a nadie tranquilo, más cuando se sabe que puede traspasar fronteras y llegar hasta los continentes más alejados del principal foco. Hasta aquí, pareciera que le estamos haciendo un gran favor; no a la epidemia misma, sino que a su principal aliado: el temor. El temor que es mucho más mortífero que cualquier epidemia.

El temor se contrae antes que el mismo virus; es probable que nunca tengamos el virus a nuestro alcance, pero si el temor, que incluso nos causará la sensación de sentir los síntomas de la enfermedad.

Al igual que el relato de la mitología griega, pareciera que el Ebola nos traslada a ese mundo inferior del miedo y el temor, que cuando se contrae, no se puede salir, como si existiera ese perro con tres cabezas con el cuerpo cubierto por serpientes y de nombre Cerbero, que se encarga que nadie regrese al mundo de los vivos. Pero la realidad, no es mitología, la verdad es distinta, aunque algunos todavía la vivan como tal historia griega.

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Hoy la mortalidad del Ebola en el mismo lugar del inicio del foco es de un 50%, es decir, aumentan los sobrevivientes; pero, ¿cómo? Si es sabido que no han recibido ninguna ayuda considerable para hacer frente a la epidemia. ¿Qué es lo qué está ocurriendo?

Los equipos médicos que se encuentran trabajando allí –que se han ganado todo el respeto del mundo, por su valentía– y con los pocos medios a su alcance, se han empeñado en usar a los sobrevivientes como verdaderos estandartes, como si se tratase de un ejército del mismo sistema inmunológico a favor de los enfermos.

“No se preocupen, nosotros lo vencimos y tu también lo puedes hacer” 

No hay mejor remedio para una enfermedad que el testimonio de personas sanadas. Han vencido al Ebola pulso a pulso, y se transforman en personas inmunes. Eso los capacita para entregar lo que más necesita un enfermo; afecto, y cariño a través de una manera tangible; un abrazo, compañía, conversación. Estas personas no transmiten temor, ni miedo al contagio, al contrario transmiten lo más importante: seguridad. Ellos pueden llegar donde nadie quiere estar, al lado de los enfermos, transitan por oscuros pasadizos  de humildes casas donde nadie se atreve a pasar, allí hay un enfermo de Ebola.

“Tus fuerzas naturales, las que están dentro de ti, serán las que curarán tus enfermedades.”
–Hipócrates.

Esas fuerzas naturales se sustentan en algo tan humano como la esperanza, la fe, la confianza en Dios o un tipo de filosofía. Pero lo que estamos viendo hoy en África, no es tecnología de última generación en medicina, ni tampoco algún remedio milagroso, ni mucho menos un remedio de alto costo. La gente enferma se está curando gracias a los enfermos sanados, los que han usado su fuerza natural interior. Han creado anticuerpos que después pueden compartir con otros enfermos y ayudarlos a sanar. Esa ayuda que se puede ver a través del plasma sanguíneo con los anticuerpos, y lo más importante, el afecto.

Conductas de personas sufridas que es digno de destacar.

@AlexPonceAg

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