Psicología de los alimentos

“Deja que tus alimentos sean tu medicina, y que tu medicina sean tus alimentos”.

El comer es parte fundamental para mantenerse con vida, en la alimentación está el desarrollo, la energía, y también la satisfacción. Comemos para vivir, aunque algunos hagan
todo lo contrario; vivan para comer, olvidando que nuestro ser es una suma de cuerpo, mente y espíritu.

Usando la psicología de la lingüística; para formar un cuadro mental un poco más acorde a los tiempos, voy a reemplazar la palabra comer por alimentarnos, ya este cambio de palabra ha producido un efecto psicológico sobre la comida.

“Vivamos y comamos que mañana moriremos” es un refrán popular que aunque a algunos le cueste creer, acomoda a muchas personas a un tipo de conducta algo irresponsable sobre su salud.

Conducta alimenticia

Existe una diferencia práctica entre comer y alimentarse, la primera parece venir de una necesidad biológica, mientras que la segunda, es un claro inicio a algo más psicológico. Ambas palabras en todo caso apuntan a la sobre- vivencia, sin embargo aunque en principio comer es vida, también comer puede en algunas circunstancias significar la muerte.

La psicología de los alimentos y los sabores pasa obligatoriamente por la conducta alimenticia, es allí donde aparecen con fuerza términos relacionados con el apetito: deseo, querer y voluntad. El estímulo inicial de un deseo físico suele aparecer por medio de los sentidos, el olfato y la vista predominan cuando se trata de elegir una comida.

La alimentación es una necesidad motivada en el campo fisiológico. Para la industria alimenticia no es trabajo crear dicha necesidad, pero si saben muy bien dirigir los deseos para degustar ciertos alimentos de marcas, es allí donde se pone a prueba nuestra voluntad.

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Una buena mesa nos recuerda que la psicología de los sabores se encuentra también presente en el campo social. Una importante conversación se ilustra mejor a la sombra de un buen Gourmet. Hemos hecho de una necesidad fisiológica el centro de nuestra sociabilidad.

Estados emocionales

Una vez escuché decir a alguien que “somos lo que comemos” y hoy lo certifica la ciencia alimenticia, investigadores coinciden que el estado de ánimo tiene una estrecha relación con los alimentos que ingerimos. Los estudios apuntan a cuatro aspectos importantes: Si la persona está haciendo dieta para bajar de peso, si mantiene una alimentación sana en bajas calorías, si consume comida chatarra, y cómo esto afecta los estados emocionales asociados con los neurotransmisores.

Cuando una persona comienza un programa para bajar de peso, priman los motivos que llevaron a dicha decisión, pero, aunque esto signifique mejorar la figura, aquello puede causar irritación, melancolía, y hasta una depresión por el hecho de que se esté limitando la cantidad y el tipo de comida.

Los alimentos que contienen Omega 3, mayormente pescados, ayudan a mejorar los estados emocionales, estos alimentos son ricos en ácidos grasos buenos, y están relacionados con la formación de neurotransmisores y las estructuras de las membranas celulares que afectan la conducta.

Los alimentos dulces tan apetecidos en invierno tienen incidencia en el nivel de serotonina en el organismo. Este es un neurotransmisor que posee estrecha relación con los estados de ánimo, ya que afecta zonas del cerebro relacionadas con la relajación. Por eso se cree que el chocolate es un antidepresivo, posee efectos orgánicos y psicológicos.

No se puede pasar por alto el hábito ícono de la alimentación relacionada con los estados emocionales; la comida chatarra, aquí ya no se habla de alimentación sino sólo de comer. Grandes y chicos han visto como este tipo de comidas altera su estado de ánimo, algunos ven por allí un leve asomo a la felicidad, claro que con la información que se dispone hoy, los ánimos tienen que ver más con sensaciones de culpa que de bienestar.

El sentirse bien pasa tanto por lo físico como por lo psicológico, para ambos aspectos es de vital importancia alimentarse de una manera sana y responsable, ojalá recordando lo que una vez alguien dijo “somos lo que comemos”.

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