La conducta de una felicidad engañosa

Durante el siglo XX hemos sido testigos de dos grandes promesas políticas: el comunismo y el fascismo. El primero, felicidad 7sabido por todos, prometió la igualdad sacrificando la libertad, con resultados terribles aunque con algunos aciertos; el segundo se encarnó en el siniestro nazismo, una verdadera lacra para Europa. Ambas parecían promesas maravillosas, algo así como el “paraíso en la tierra”.

En los tiempos actuales y superados al menos parcialmente, éstos dos grandes movimientos políticos, el hombre parece ver su futuro en una constante lucha en la búsqueda de la felicidad, pero en forma rápida, sin tantas vueltas, ni principios, estatutos, y obligaciones por cumplir. Ya no se aceptan ofertas, deudas, esperanza, y promisiones vinculadas al futuro, todo se quiere ya, ahora, si es posible hoy.

Ante tal filosofía de vida, algo improvisada, arremeten ideas fantasiosas que parecen llevar al hombre moderno a una felicidad plena, aunque el mismo Freud, en su célebre libro El malestar de la cultura haya dicho que: la cultura se despliega mejor renunciando a los instintos. Freud veía la felicidad como un estado de ánimo pasajero y positivo, pero como resultado de la satisfacción de necesidades y nada más.

Consumismo

Una de las fantasías más acariciadas en busca de la felicidad lleva el nombre de consumismo. Representa la fórmula moderna de la libertad. Está centrado en disfrutar sin restricciones, con una exaltación devoradora de pasarlo bien. Todo se compra. Consumir, acumular cosas, tener cada vez más, viajar y conocer nuevos países, sustitución de unos objetos por otros, etc. Todo esto en algunos casos podría ser algo bueno, sin embargo, este consumismo tiene sus raíces en el mundo económico, que hasta ahí incluso podría ser sano, pero en la mayoría de los casos es el resultado del neuromarketing, que se deja ver a través de grandes campañas publicitarias que no hacen otra cosa que crear una necesidad donde no la hay.

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individualismo

Otra fantasía es el fenómeno de la transición de lo social al individualismo, aunque éstos dos en la modernidad online parecen unidos, este sistema no hace otra cosa que empoderar al yo. Ahora el estatuto de la autonomía es personal: ya no hay restricciones. Se percibe la ausencia de “territorios” vedados, prohibidos, limitados, todo parece estar envuelto en la permisividad. No hay vacilación en creer en este nuevo tipo de “felicidad”.

Los libros de autoayuda tienen siempre un eslogan: ámate a ti mismo, acéptate. Nos hacen sentir que en el mercado de la felicidad encontraremos lo que buscamos, porque todo es valioso con tal que nos apetezca. Esa es la trampa para deslizarnos hasta el relativismo: un pensamiento débil, sin convicciones, sin firmeza, sin compromiso, indiferencia tallada de curiosidad, con ganas de saberlo todo pero sin creer en casi nada, porque vale todo y no vale nada. Todo es bueno y malo y nada es bueno ni malo; todo depende de lo que uno piense y quiera. Es uno mismo el que dictamina la bondad de la propia conducta. Del relativismo al escepticismo no hay más que un paso.

La verdadera felicidad es un destino indirecto, al que se llega luchando para que el amor, el trabajo y la cultura den lo mejor de sí. La felicidad no es un objetivo inmediato, no es una obligación, sino una consecuencia, no es tener sino ser, no es aparentar sino, expresión de la verdad de uno mismo. La felicidad es una vida otorgada en positivo que sabe asumir las derrotas y convertirlas en experiencias de vida.

La felicidad es saber vivir, buscando que la existencia sea lo más plena posible desarrollando una vida que merezca la pena vivirla, aceptando los altos y bajos, como una constante pedagogía, sabiendo descubrir en principios y normas el camino del bienestar, es allí donde los deseos son analizados con una convicción de conveniencia o aplazamiento. Ser feliz es alcanzar una vida bien estructurada, con el menor número posible de incoherencias, presidida por el amor y el trabajo, la entrega y la actividad que busca el bien propio y el de los demás.

@AlexPonceAg

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